José Antonio Herce (Aviva): “Se hace indispensable adaptar los esquemas de pensiones a los retos que nos plantea la demografía”

El Instituto Aviva ha presentado su estudio Pensiones en transición, un análisis comparativo de casi una veintena de países, agrupados en 6 modelos de pensiones representativos: Anglosajón, Europa Central, Europa del Sur, Nórdicos, Emergentes y Asia. Se trata del primer estudio presentado en España que ofrece, de forma pormenorizada, una panorámica internacional de cuál ha sido la evolución de los diferentes sistemas de pensiones públicos y privados, su adaptación a la realidad cambiante y los retos que afrontan en el medio y largo plazo.

El presente estudio, además de hacer una descripción detallada de los casos nacionales y modelos de pensiones, abarca las diferentes contingencias (jubilación, supervivencia, incapacidad y dependencia), sus condiciones de elegibilidad, cuantía de las prestaciones, sus límites y compatibilidad, así como la financiación y fiscalidad de los sistemas.

Según Ignacio Izquierdo, CEO de Aviva España, “las pensiones están a debate en todos los países del mundo ya que casi todos los sistemas siguen practicando modalidades de protección más ancladas en la historia que en una mirada hacia el futuro. Como parte de nuestro firme compromiso por promover el debate en pensiones, presentamos este informe que permite discernir, por primera vez, sobre la base de la amplia comparativa, los retos que todos los países y modelos afrontan en materia de longevidad y demografía, y la adaptación de sus sistemas de pensiones públicos y privados a esta realidad. Esto pone de relieve que las reformas en curso sumadas a las innovaciones radicales llevarán a todos los países a un punto en común: una transición en materia de pensiones en la que se estrecharán las diferencias”.

El informe concluye que en los modelos analizados conviven pensiones básicas con pensiones profesionales, el reparto y la capitalización, la naturaleza pública y la privada, obligatoria o voluntaria. En general, se observa una tendencia en varios países hacia una lenta aproximación desde el modelo de reparto a la capitalización. Además, la “tríada protectora” compuesta por las pensiones de jubilación, supervivencia e incapacidad se ha universalizado, pero ya aparece acompañada, desde hace lustros, de la nueva gran contingencia del siglo XXI: la dependencia. Sin embargo, su despliegue institucional y protector no está acabado en muchos países. Asimismo, la “segunda transición demográfica” que estamos atravesando se observa en dos tendencias. Por un lado, el descenso acusado de la tasa de fecundidad hasta por debajo de los niveles de reemplazo generacional en todos los países analizados y, por otro, el incremento de la longevidad y la esperanza de vida.

Del mismo modo, la edad de jubilación ha permanecido prácticamente sin cambios desde la creación de los sistemas de pensiones, mientras que la esperanza de vida se ha duplicado. La mayoría de países han iniciado reformas que avanzan hacia los 67 años pasado 2020, aunque en los países Emergentes la edad de jubilación es menor debido también a su menor esperanza de vida. Y las tasas de sustitución de las pensiones varían enormemente por países y por modelos. La combinación de pensiones públicas y privadas puede generar pensiones tan suficientes (80%) como los modelos basados exclusivamente en las pensiones públicas, pero sin el riesgo de sostenibilidad financiera. En buena medida, la financiación de los sistemas se realiza por la vía de las cotizaciones, aportaciones a planes de pensiones o primas de seguro (en muchos casos obligatorias y vinculadas a la actividad laboral). En algunos países, especialmente los Emergentes, los propios sistemas públicos de reparto han adoptado las cuentas individuales nocionales de contribución definida, que les dotan de un mecanismo muy eficaz de sostenibilidad, asimilándolos a los sistemas de capitalización privados.

Por otro lado, en menos de la mitad de los países, las prestaciones públicas están sujetas al pago de algún tipo de cotización social de solidaridad, mientras que en las privadas están parcialmente exentas del pago del impuesto de la renta. En la mayoría de países, las prestaciones públicas están sujetas al pago del impuesto de la renta, pudiendo gozar de exenciones parciales. Y la existencia de los sistemas privados de pensiones complementarios o sustitutivos, obligatorios en muchos casos, determina tasas de sustitución totales. Asimismo, se aprecia cierta relación inversa entre la tasa de sustitución que ofrece el sistema público y la tasa de penetración del sistema privado. Todos los esquemas de pensiones tienen problemas, ya sean de sostenibilidad, de suficiencia o cobertura. Sin embargo, la mayoría de países incorpora reformas con lentitud y cortoplacistas. Las adaptaciones realizadas en los últimos años para mantener la sostenibilidad financiera se han orientado a alargar la edad de jubilación, ajustar las cuantías de las prestaciones y compatibilizar los ingresos laborales y la pensión de jubilación.

En palabras de José Antonio Herce, coordinador del estudio y miembro del Foro de Expertos del Instituto Aviva, “la Seguridad Social originaria, tal y como fue creada hace más de 100 años, ha quedado desdibujada por lo que se hace indispensable adaptar los esquemas de pensiones a los retos que nos plantea la demografía. Sin embargo, la verdadera innovación en materia de pensiones se da solo en un pequeño grupo de países de los que podemos aprender, como, por ejemplo, las cuentas nocionales de contribución definida, las pensiones básicas, incluso universales ligadas a la residencia o la ciudadanía, o los fondos de ahorro obligatorio a largo plazo cuyo propósito va cambiando con la edad”.

Para Izquierdo: “La sustancia de este estudio es que las reformas en curso y las innovaciones radicales llevarán a todos los países a una transición en materia de pensiones en la que se estrecharán las diferencias que hoy se dan entre los distintos países y modelos. No tanto hacia una equiparación al alza o a la baja de los estándares existentes, sino a una nueva lógica protectora, sostenible, suficiente y eficiente a la que tantos países avanzados y emergentes contribuirán a dar forma”.


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